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Planificar para actuar: El método para vencer la fatiga mental y hacer ejercicio

Por qué contar intentos puede transformar tu progreso físicoPor qué contar intentos puede transformar tu progreso físico

La sucesión continua de elecciones, desde lo laboral hasta lo doméstico, consume energía mental. Al final de la jornada, es común sentir que esa capacidad para decidir se ha reducido notablemente. Esto tiene un efecto directo y medible en la regularidad con la que realizamos actividad física.


El peso de las decisiones previas al entrenamiento

El momento previsto para el ejercicio suele coincidir con períodos de menor disponibilidad mental. En ese instante, si además de la voluntad de empezar, debemos resolver detalles como la selección de ejercicios, la ropa adecuada, el lugar o la duración, la probabilidad de posponerlo o cancelarlo aumenta de forma considerable. La mente, buscando un descanso, tiende a preferir la opción que requiere menos esfuerzo cognitivo en ese momento, que a menudo es no hacer nada.


Es un proceso donde la carga de tener que planificar sobre la marcha se siente como un obstáculo excesivo. La tarea de entrenar, que de por sí demanda esfuerzo físico, se hace aún más pesada si requiere una planificación simultánea.


La ventaja de la planificación anticipada

La solución más efectiva para este escenario es separar la decisión de la acción. Esto significa que todos los elementos relacionados con el entrenamiento deben definirse con antelación, mucho antes de que llegue el momento de ejecutarlo.


La rutina deja de ser algo que se inventa cada día y se convierte en un protocolo establecido. Saber de antemano qué ejercicios se realizarán, en qué orden y con qué peso aproximado, elimina la necesidad de pensar en ello más tarde. Esta preparación convierte el inicio del entrenamiento en un proceso casi automático, que sigue unos pasos ya conocidos.


Acciones concretas para reducir la resistencia

Implementar este método es sencillo y sus resultados son inmediatos en términos de adherencia. Estas son algunas acciones que pueden ayudar:

  • Definir la rutina semanal: Un día fijo, por ejemplo el domingo, se puede planificar los entrenamientos de toda la semana. Anotar los días, la hora, el tipo de actividad (correr, fuerza, etc.) y los ejercicios específicos.

  • Preparar el equipo: La noche anterior, dejar lista la ropa, el calzado, la botella de agua y cualquier accesorio necesario. Este acto simple elimina una decisión matutina.

  • Utilizar programas estructurados: Seguir un plan de entrenamiento ya diseñado, aunque sea básico, es preferible a improvisar. Proporciona una secuencia lógica y evita la incertidumbre (conoce nuestros planes online)

  • Simplificar las opciones alimenticias: Tener preparadas o planeadas las comidas posteriores al ejercicio evita que el hambre y el cansancio lleven a elecciones poco alineadas con los objetivos.


El resultado: Consistencia sin desgaste mental

Al adoptar estas prácticas, la energía mental que antes se gastaba en planificar bajo fatiga, se conserva. Esa energía ahora está disponible para concentrarse en la técnica de los movimientos, en la intensidad del esfuerzo o simplemente en disfrutar de la actividad.


La regularidad en el ejercicio no depende solo de la fuerza de voluntad en el momento crítico, sino en gran medida de la organización previa que elimina la necesidad de usarla para decisiones superfluas. Al minimizar las elecciones diarias relacionadas con el entrenamiento, se construye un camino más claro y transitable hacia los objetivos físicos, haciendo de la constancia algo mucho más alcanzable y menos desgastante.


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